¿CÓMO PERDONARSE A UNO MISMO?

Aceptar la responsabilidad de nuestros actos y actuar en consecuencia es una característica de la personalidad madura. Somos humanos, cometemos errores y, a veces con la mejor de las intenciones, podemos causar daño a los demás y a nosotros mismos. La culpa nos lleva a tomar la responsabilidad sobre nuestras acciones y a reparar el daño que hayamos podido ocasionar.

Es necesario una dosis de humildad, de reconocer que no somos perfectos y nos equivocamos. La aceptación de nuestra propia debilidad y limitaciones nos lleva a luchar por ser mejores, a crecer en valores. También nos ayuda a comprender y aceptar los defectos de los demás.

Las personas que se culpan constantemente suelen ser personas muy exigentes consigo mismas, no se permiten equivocarse y cada error lo consideran como algo imperdonable. Estas personas se han formado su propia idea de lo que es la perfección y se castigan por no ser capaces de llegar a ella. Las cosas que hacen bien no las valoran y centran su atención en las veces que se han equivocado, no siendo realistas en su valoración.

Vivir es asumir riesgos, entender que en la vida hay un aprendizaje. Cuando comenzamos un camino o emprendemos un nuevo proyecto lo normal es fracasar antes de llegar al éxito, lo importante es que aprendamos de cada error y aceptemos que forma parte del proceso. Albert Einstein decía “No fracasas hasta que dejas de intentarlo” y Thomas Edison comentó “Muchos fracasos ocurren en personas que no se dieron cuenta lo cerca que estuvieron del éxito”.

A lo largo de la vida tomamos decisiones, en unas acertaremos y en otras nos equivocaremos. Tanto los éxitos como los fracasos forman parte de nuestra historia y de la persona que somos en este momento. Haremos que los demás se sientan bien pero también podemos herirnos y herir a otras personas.

Muchas veces analizamos nuestras decisiones sin tener en cuenta otros muchos factores que afectaron a la manera en que actuamos. Podemos sentirnos culpables por no haber cuidado a un familiar enfermo sin tener en cuenta que en ese momento estábamos pasando por una situación personal delicada y no teníamos energías para ello.

Cuando nos sentimos culpables por haber cometido una ofensa hay tres posibles formas de afrontamiento:

  1. Evitar la responsabilidad culpando a causas externas o justificando nuestras acciones. Se trata del falso perdón, se externaliza la responsabilidad para neutralizar la culpa. Culpabilizar a la víctima es evitar la responsabilidad, por lo que al no considerarse culpable no necesita perdonarse. La negación puede incluir tanto la negación del hecho, de lo incorrecto del hecho, de la importancia del hecho o del daño causado por el hecho. El ofensor busca minimizar su sentimiento de culpa para evitar sentir malestar. Esto impide la reconciliación y que la persona ofendida pueda perdonar.
  2. Auto-culpabilizarse en exceso. La persona internaliza la culpa, sintiendo una gran vergüenza y deseos de castigarse a uno mismo. El perdón que nace de la culpa y el remordimiento sería un perdón genuino, mientras que la vergüenza sería el origen de la autocondenación. Witz y Meale (2011) definen la vergüenza como el sentimiento de ser indigno o malo. El perdón en este caso no es relevante, para aceptar el perdón antes necesita aceptarse a sí mismo. El perdón a uno mismo es el resultado de la autoaceptación. La persona que siente vergüenza está más centrada en su propio malestar emocional que en el de la víctima, manifestándose con el tiempo conductas de autocastigo sin dar cabida a la restauración del daño cometido.
  3. Afrontar el daño causado y llevar a cabo una restauración compensatoria. Sólo esta forma de afrontar la ofensa cometida sería verdadero o genuino auto-perdón, y comprende dos dimensiones: una externa, relacionada con la víctima, y otra interna, relacionada con la autoestima y el autoconcepto. Para Woodyatt y Wenzel (2013) sólo el que incluye restauración interpersonal e intrapersonal es verdadero auto-perdón. En este proceso se reconoce la culpabilidad, el valor de la víctima, se experimentan las emociones asociadas y surgen actitudes y comportamientos que afrontan la ofensa, buscan enmendar el daño y, en el proceso, recupera su imagen como buena persona, es decir, se perdona a sí mismo.

Los comportamientos identificados como más relevantes para restaurar la confianza en la relación, devolver seguridad a la víctima y promover de nuevo el compromiso en la relación son (Pansera, 2009):

  • Reconocimiento del daño causado y arrepentimiento, que incluye aceptar el daño que se ha hecho, aceptar la responsabilidad y mostrar culpa y remordimiento.
  • Demostrar la comprensión del dolor y sufrimiento causado y validación o aceptación de ese dolor.
  • Reparar el daño causado.
  • Demostrar un cambio de conducta y evitar que vuelva a ocurrir.
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